zócalos urbanos

En cada ciudad existen lugares de referencia, donde las muchedumbres pueden sentirse dentro de un espíritu de cuerpo, a pesar que sus puntos en común correspondan sólo a la idiosincrasia, el idioma, la religión , es decir la psicología colectiva, eso que hace que nuestras antenas se toquen y sepamos que somos del mismo hormiguero.
En Talca ese lugar era la plaza de armas, y lo conjugo en pretérito porque ahora no se puede acceder a ella producto del mantenimiento o renovación que se le está realizando, además la demolición inminente de algunos volúmenes claves que la conforman.
En Nueva York el lugar mental donde todo puede ocurrir es Time Square, una especie de calle ancha bueno por ahí pasa Broad-way que significa eso precisamente, quizá los teatros o los avisos luminosos que como piel digital van hipnotizando a quienes transitan por esa dilatación espacial con esquina crítica incluída y que a pesar de no tener un comercio preciso podríamos decir que es el epicentro de la economía de libre mercado en esta sociedad globalizada.
En Roma la Piazza Venezia es el lugar de encuentro tanto para protestar como festejar, donde las banderas arcoiris antibélicas dejan en el pasado aquel monumento a Vittorio Emanelle que se antepone al capitolio y que más parece una rebanada de torta que un símbolo urbano.
El zócalo de Ciudad de México puede soportar fácilmente un millón de almas sobre esa superficie sin sombra y con uno de los subsuelos arqueológicos más ricos del planeta.
De esta forma cada ciudad posee un espacio de encuentro masivo, donde la expresión colectiva prima por sobre la personal, una especie de Fuenteovejuna, en que el acto de la masa se rige por parámetros más entomológicos (relativo a los insectos) que humanos, cito por ejemplo entre los actos recientes el fenómeno más importante en cuanto a cantidad de personas que haya ocurrido en Plaza Italia y quizá en Santiago todo, más numeroso que cuando el Papa pasó por la Alameda, mayor aún que cuando ganó el No o Bachelet, me refiero al fenómeno de la muñeca gigante. Ese títere ciclópeo convirtió una ciudad entera en Liliput, todos comentaban y especulaban en torno a ella si respiraba, o comía, iba al baño o hablaba con la presidenta. Cada mirada que establecía irradiaba paz, contrastada con la desesperación por verla y el empujón y garabato que afloraban en las bocas de nuestra masa desacostumbrada al buen espectáculo como si se tratara de un partido más en el Nacional.
La toma corresponde a una superposición de situaciones de aquellos que registran ,como El Hermano Mayor de Orwell, a estos seres que se mueven allá en el suelo, entre el obelisco y la figura ecuestre de Baquedano.