20 octubre 2006
18 octubre 2006
12 octubre 2006
Santiahogo



Y entonces habitante que parece dormido despierta con un grito de su más interno yo y le dice al mundo inmediato que quiere ser feliz.
La muchedumbre no lo considera "normal" pasan de largo sólo lo siguen con la mirada blanca y muerta tratando de alcanzar el penúltimo periódico gratuito que "obsequian" a la salida del tren metropolitano.
En el otro extremo del destino, la Universidad de Chile, unos ancianos esperan que ese periódico les sea entregado, a su vez, revenderlo y sacar una pequeña ganancia de ello y poder mantener sus pobres exisencias. Para esto intersectan interfieren y obstaculizan el flujo frenético del grupo humano probablemente más infeliz de la capital, que marcha automático a sus escritorios.
El habitante, los ancianos, el flujo automático, todos ahogados bajo este cielo enrarecido, me sofoco con tanta presión sin sentido, siento que ha llegado el momento de optar, por el flujo, la inexorable ancianidad o el grito del habitante.
El sistema no ingresa el dato, Sr. vuelva mañana, gracias.
Siguiente por favor!!!!